Antes de llegar al bufete, pasó años en un escenario que no perdona errores: la sala penal. Fue Assistant State’s Attorney en el Condado de Charles, Maryland. Ahí no hay discursos bonitos. Ahí hay decisiones rápidas, audiencias difíciles y casos que cambian la vida de una persona en minutos. Cory condujo múltiples juicios ante jueces y jurados, enfrentando situaciones en las que una palabra mal colocada puede inclinar la balanza.
Y esa experiencia —directa, intensa, real— le dio algo que no se aprende en un aula: claridad.
Pero su historia no empieza en lo penal.
Antes, construyó su base en el mundo civil como asistente jurídico judicial (judicial law clerk) en el Circuit Court del Condado de Worcester. Dos años investigando, analizando y redactando opiniones judiciales para jueces en una amplia variedad de litigios civiles. Ese trabajo silencioso, de escritorio, donde nadie aplaude… es donde se forma el músculo de la precisión. Ahí aprendes a pensar como juez. A anticipar argumentos. A ver lo que otros no están viendo.
Luego vino una etapa que lo marcó profundamente: mientras ejercía como fiscal, Cory fue el abogado principal del Mental Health Docket y del Adult Drug Court del Condado de Charles. Programas diseñados para personas que, además de un proceso legal, están lidiando con salud mental o recuperación.
Y aquí es donde muchos fallan.
Porque el sistema puede ser frío.
Y porque es fácil reducir a alguien a “un caso”.
Pero Cory entendió algo esencial:
que, para representar bien a una persona, no basta con conocer el código.
Hay que entender el contexto humano.
Por eso su defensa combina rigor legal con una mirada compasiva. No como “discurso”, sino como forma de trabajar: con firmeza, pero sin perder de vista que del otro lado hay una persona, con una historia, con miedos, con familia, con futuro.
Esa misma convicción lo convirtió en un aliado fuerte para los inmigrantes.
Su compromiso empezó temprano, trabajando como investigador para el Southwest Detroit Immigrant and Refugee Center y como estudiante abogado en la Clínica de Inmigración de la University of Detroit Mercy, donde dedicó dos años como voluntario ayudando a inmigrantes con sus procesos. En ese camino, tuvo contacto frecuente con inmigrantes de América Latina, y fue ahí donde desarrolló un nivel intermedio de español. No perfecto, pero suficiente para acercarse, escuchar y entender, incluso cuando el idioma suele ser otra barrera más.
En lo académico, Cory obtuvo un Juris Doctor con doble acreditación estadounidense y canadiense, cum laude, en la University of Detroit Mercy School of Law y la University of Windsor Faculty of Law. Dos sistemas legales, dos perspectivas, una misma idea: el derecho es una herramienta de defensa.
Cory cree que toda persona merece ser escuchada por el sistema de justicia. Y trabaja con una obsesión simple: que la historia de nuestros clientes no se pierda entre papeles, ni se reduzca a una etiqueta, ni quede atrapada en un malentendido.
Porque cuando alguien siente que no tiene voz…
el trabajo del abogado no es solo hablar por él.
Es asegurarse de que lo escuchen donde importa.
Y Cory está aquí para eso.